Lagomar: De la Divisional F al Sudamericano de Vóleibol, una Historia Familiar de Ascenso y Éxito Internacional

Lagomar: De la Divisional F al Sudamericano de Vóleibol, una Historia Familiar de Ascenso y Éxito Internacional

El club Lagomar, reconocido por su espíritu familiar, ha protagonizado un ascenso meteórico en el vóleibol uruguayo, pasando de la Divisional F a la máxima categoría en la rama masculina. Tras coronarse campeón de la Liga Uruguaya, el equipo alcanzó un hito reciente al lograr una notable participación en el Sudamericano de Clubes, donde incluso consiguió una victoria. Esta gesta culminó el 3 de marzo de 2026.

El desempeño de Lagomar en el Sudamericano de Clubes masculino de vóleibol, celebrado en Campinas, fue sobresaliente. No solo lograron imponerse en un encuentro, sino que también ofrecieron una dura resistencia en los demás partidos de la fase de grupos.

Bajo la dirección técnica de Roberto Busiello, el conjunto de Lagomar aseguró su plaza en el torneo continental tras conquistar la Liga Uruguaya en noviembre del año previo. Su plantilla estuvo compuesta por talentos nacionales, a los que se sumaron cuatro jugadores argentinos y uno brasileño. Entre los deportistas argentinos que ya habían celebrado el título local y estuvieron en el Sudamericano figuran Valentín Lombardo, Marcos González y Augusto Sosaya, acompañados por el líbero Fausto Inostroza y el brasileño Caio Coutinho. El grupo de jugadores uruguayos lo integraron Gonzalo Herrera, Emanuel Navarro, el capitán Nicolás Busiello, Ignacio González, Etien Lacroix, Luciano Fernández y Marcos Montilla, además de dos incorporaciones provenientes de clubes locales: Sebastián Rubio (Banco República) y Guillermo González (Juan Ferreira).

Nicolás Busiello, jugador del equipo, subrayó a Referí la magnitud del Sudamericano, describiéndolo como la competencia de clubes más relevante del continente. Busiello resaltó la presencia de formaciones extremadamente fuertes, con deportistas de trayectoria internacional en Juegos Olímpicos, mundiales y selecciones, lo que convertía la participación en una experiencia inestimable para el club.

En su primer encuentro, Lagomar se enfrentó al gigante brasileño Sada Cruzeiro, un equipo con un impresionante historial de 11 títulos sudamericanos y vencedor de las últimas nueve ediciones (que en esta ocasión perdió la final 3-2 contra Renata Campinas). El resultado fue una derrota de 3-0 para Lagomar, con parciales de 25-11, 25-18 y 25-13. A pesar del marcador, el equipo uruguayo demostró un alto nivel en el segundo set, manteniendo la igualdad en 18-18 antes de que los brasileños impusieran un parcial decisivo de 7-0. En el segundo desafío de la fase de grupos, Lagomar plantó cara con gran determinación ante Defensores de Banfield, cediendo finalmente por 3-0 con parciales ajustados de 25-21, 25-21 y 27-25.

El jugador uruguayo realizó una valoración muy favorable de la participación, a pesar de las derrotas ante los equipos brasileños y argentinos. Explicó que históricamente los clubes uruguayos han encontrado grandes dificultades en estos enfrentamientos, por lo que haber disputado un partido de tú a tú contra los argentinos y haber logrado igualar momentáneamente con los brasileños representa un logro extraordinario y sin precedentes para un equipo de Uruguay en mucho tiempo. Para cerrar su actuación, Lagomar consiguió la séptima posición al vencer a un conjunto chileno que contaba con deportistas profesionales, incluso algunos con experiencia en la selección nacional y mundiales, posicionando a Uruguay como el tercer país con mejor desempeño en el torneo, por detrás de Brasil y Argentina.

En un certamen que congregó a nueve clubes, Lagomar se impuso en el partido por el séptimo puesto al Club Deportivo Murano, logrando una victoria de 3-1 con parciales de 25-21, 24-26, 25-23 y 25-22.

Busiello profundizó en la integración de los jugadores extranjeros, explicando que los argentinos son amigos de larga data, con quienes compartió entrenamientos de vóleibol de playa de cara al Mundial de 2023. Destacó que estos, junto con el resto del plantel, lograron una excelente adaptación. Varios de ellos, como Augusto, Valentín y Marcos, ya habían formado parte del equipo el año anterior, participando en la clasificación para este torneo. Valentín, en particular, se ha integrado plenamente desde 2024, siendo ya un referente en Uruguay. Para esta instancia final, se sumaron un brasileño y otro amigo argentino, quienes también se acoplaron de forma óptima, aportando cada uno desde su rol.

El jugador también se refirió a la experiencia de compartir equipo con su padre, Roberto, quien es el entrenador. Expresó que es un motivo de inmensa felicidad para ambos, recordando que el proyecto se inició en 2021 desde la Serie F de la Liga Livosur, alcanzando la primera división en 2025 y coronándose campeones de la Superliga ese mismo año, lo que les valió el pase al Sudamericano. La faceta familiar se extiende aún más, dado que su madre es la médica del club. A pesar de este marcado carácter familiar, Nico enfatizó que durante la competición, él se desempeña como un jugador más, procurando separar los lazos familiares del ámbito deportivo.

En cuanto a la dimensión económica, Busiello señaló el considerable sacrificio que implicó la participación. Muchos jugadores debieron involucrarse activamente en la búsqueda de patrocinadores, la organización de torneos, la venta de rifas y la gestión de cantinas para sufragar el alto costo de los pasajes. Sin embargo, a través de estas extensas jornadas de trabajo, lograron cubrir una porción significativa del monto total, aliviando considerablemente la carga financiera.

Al ser interpelado sobre las medidas necesarias para potenciar la competitividad del vóleibol uruguayo, el jugador argumentó que la clave reside en el desarrollo de las divisiones juveniles y en la implementación de un proceso estructurado, algo que, a su juicio, es deficiente en Uruguay. Explicó que en otras naciones se invierte en proyectos a largo plazo que identifican y forman jóvenes talentos hasta alcanzar la élite, mientras que Uruguay carece incluso de una selección nacional de vóleibol de pista. Busiello reveló que aproximadamente el 70% de los integrantes de Lagomar provienen del vóleibol de playa, una elección común debido a la ausencia de oportunidades en la modalidad de pista. Añadió que las posibilidades en el vóleibol son limitadas, lo que se refleja en la juventud del equipo de Lagomar en el Sudamericano, con una edad promedio de 22 años y varios jugadores de 18 o 19. Lamentablemente, muchos jóvenes se ven obligados a abandonar el deporte por motivos académicos o laborales, ante la falta de caminos que les permitan continuar su desarrollo.

Es importante recordar que en 1968, Lagomar hizo historia al ser el único equipo uruguayo en conquistar un Sudamericano de Clubes. Cincuenta y ocho años más tarde, y tras un quinquenio de arduo trabajo impulsado por Roberto Busiello, el club ha retornado a la escena internacional, dejando una impresión sumamente positiva.

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